lunes, 28 de noviembre de 2011

Mostrar o insinuar?


Aunque para gustos los colores, a mi personalmente siempre me ha gustado mucho mas insinuar, dejar margen a la imaginación y a la intuición que mostrar directamente.

Encuentro sin ir mas lejos, mucho más sugerente, un escote que muestre lo justo y permita imaginar lo que no deja ver, que unos pechos, por muy bonitos que éstos puedan ser, sin más.

Más que un desnudo a secas, me gustan las imágenes que permitan adivinar. Una lencería con encaje y detalles en los lugares justos, dejando adivinar lo que esconden, unas gasas colocadas de manera estratégica.

Es un poco como el regalo, que parte de su encanto radica en la emoción al desenvolverlo antes descubrir lo que es.


miércoles, 23 de noviembre de 2011

Enredarse en la red de redes

Muchas veces se ha dicho que no está muy claro si internet a la larga ha sido bueno o malo para el BDSM. Por un lado ha allanado el camino a mucha gente de acercarse, de descubrir éste universo canela. Por otro lado, los más críticos sostienen que ha abierto puertas a multitud de pseudos, pajilleros y demás familia. Ambas posturas tienen su razón de ser.

En cuanto a la postura de que se cuela mucha morralla, pues si, se cuela. A menudo, hablando con unos y con otros (punto aparte los que piensan que ser Dom equivale a saludar a cualquier fémina que se sospeche sumisa con un "de rodillas perra"), te das cuenta de que muchisima gente se acerca al BDSM, por creerlo sinónimo del llamado sexo fuerte o polvo adornado. Y a mucha de ésta gente le da lo mismo "declararse" Dom o sumiso con tal de pillar cacho ...

Luego está quien, gracias a la apertura que ha supuesto la web, ha tenido oportunidad de ir poco a poco aprendiendo, acercándose al BDSM, de dejar que su faceta, su sentimiento de Dominante o de sumis@ pudiera aflorar. Personas serias que pasito a pasito ha logrado encontrar su lugar en éste universo nustro, al que de otra manera hace tan sólo algunos años, habría sido muy difícil acceder.

Yo misma me cuento entre éstos últimos que sin la red de redes probablemente jamás habría descubierto mi sentir de sumisa, ni los placeres que puede proporcionar una relación Amo / sumisa. Y no me refiero única y exclusivamente a los placeres físicos ;-).

Para mi desde luego, como sumisa, el que la red de redes me abriera puertas desconocidas y me permitiera "enredarme", a pesar de los batacazos varios que en algún momento me ha proporcionado, ha sido muy positivo.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Un regalo para reflexionar

Normalmente en el apartado regalos de nuestros blogs y rincones, solemos colocar premios que van de blog en blog, sujetos a una serie de condiciones y que se reparten a amig@s, conocid@s y afines. A veces los acompañamos de algunos pensamientos, de una palabras de agradecimiento y de bellas imagenes.

Ésta vez sin embargo, me gustaría exponer el regalo de una buena amiga con la que he podido compartir muchos momentos alegres y menos alegres también. Horas y horas de "terapia" en los que solo nos ha faltado compartir una buena taza de chocolate mientras hablabamos. Hace pocos días, en otra de esas sesiones de terapia de amigas, me hizo un regalo e forma de cuento escrito por Jorge Bucay que invita a pensar y que me gustaría compartir con quien se lo quiera llevar.



EL ANILLO DEL REY:

Una vez un rey citó a todos los sabios de la corte, y les informó:

- "He mandado hacer un precioso anillo con un diamante, con uno de los mejores orfebres de la zona. Quiero guardar, oculto dentro del anillo, algunas palabras que puedan ayudarme en los momentos difíciles. Un mensaje al que yo pueda acudir en momentos de desesperación total. Me gustaría que ese mensaje ayude en el futuro a mis herederos y a los hijos de mis herederos. Tiene que ser pequeño, de tal forma que quepa debajo del diamante de mi anillo".

Todos aquellos que escucharon los deseos del rey, eran grandes sabios, eruditos que podían haber escrito grandes tratados… pero ¿pensar un mensaje que contuviera dos o tres palabras y que cupiera debajo de un diamante de un anillo? Muy difícil. Igualmente pensaron, y buscaron en sus libros de filosofía por muchas horas, sin encontrar nada en que ajustara a los deseos del poderoso rey.

El rey tenía muy próximo a él, un sirviente muy querido. Este hombre, que había sido también sirviente de su padre, y había cuidado de él cuando su madre había muerto, era tratado como la familia y gozaba del respeto de todos.

El rey, por esos motivos, también lo consultó. Y éste le dijo:

- “No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje”

- "¿Como lo sabes preguntó el rey”?

- “Durante mi larga vida en Palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una oportunidad me encontré con un maestro. Era un invitado de tu padre, y yo estuve a su servicio. Cuando nos dejó, yo lo acompañe hasta la puerta para despedirlo y como gesto de agradecimiento me dio este mensaje”.

En ese momento el anciano escribió en un diminuto papel el mencionado mensaje. Lo dobló y se lo entregó al rey.

- “Pero no lo leas", dijo. "Mantenlo guardado en el anillo. Ábrelo sólo cuando no encuentres salida en una situación”.

Ese momento no tardó en llegar, el país fue invadido y su reino se vio amenazado.

Estaba huyendo a caballo para salvar su vida, mientras sus enemigos lo perseguían. Estaba solo, y los perseguidores eran numerosos. En un momento, llegó a un lugar donde el camino se acababa, y frente a él había un precipicio y un profundo valle.

Caer por el, sería fatal. No podía volver atrás, porque el enemigo le cerraba el camino. Podía escuchar el trote de los caballos, las voces, la proximidad del enemigo.

Fue entonces cuando recordó lo del anillo. Sacó el papel, lo abrió y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso para el momento...

Simplemente decía “ESTO TAMBIÉN PASARÁ”.

En ese momento fue consciente que se cernía sobre él, un gran silencio.

Los enemigos que lo perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino. Pero lo cierto es que lo rodeó un inmenso silencio. Ya no se sentía el trotar de los caballos.

El rey se sintió profundamente agradecido al sirviente y al maestro desconocido. Esas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a guardarlo en el anillo, reunió nuevamente su ejército y reconquistó su reinado.

Ese día en que estaba victorioso, en la ciudad hubo una gran celebración con música y baile…y el rey se sentía muy orgulloso de sí mismo.

En ese momento, nuevamente el anciano estaba a su lado y le dijo:

- “Apreciado rey, ha llegado el momento de que leas nuevamente el mensaje del anillo”

- “¿Qué quieres decir?”, preguntó el rey. “Ahora estoy viviendo una situación de euforia, las personas celebran mi retorno, hemos vencido al enemigo”.

- “Escucha”, dijo el anciano. “Este mensaje no es solamente para situaciones desesperadas, también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando te sientes derrotado, también lo es para cuando te sientas victorioso. No es sólo para cuando eres el último, sino también para cuando eres el primero”.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje... “ESTO TAMBIÉN PASARÁ”

Y, nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba. Pero el orgullo, el ego había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Lo malo era tan transitorio como lo bueno.

Entonces el anciano le dijo:

- “Recuerda que todo pasa. Ningún acontecimiento ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche; hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.”